CARTA DEL MIQUEL ÀNGEL.

CONSTRUIR.

Aquella mañana de marzo la iglesia de Makary era un continuo movimiento, como un hormiguero en plena actividad. Unos construían la sala para el Grupo de Iniciativas Femeninas, otros llenaban con cemento los moldes de donde saldrían los buses que se utilizan para los pozos, dos albañiles a su turno ponían las verjas de la nueva sala parroquial, los alumnos de nuestra escuela tiraban cables y ponían lámparas fluorescentes por todo el templo. El Jordi no paraba de ir y venir, indicando, corrigiendo, enmendando, solucionando. Se notaba que era su salsa y me daba cuenta que en los cuarenta años que lleva por estas tierras lo que más ha hecho ha sido construir. Sus manos y su empeños han hecho posibles hospitales, escuelas, pozos, salas, comunidades, relaciones, formación, sanidad, ilusión y fe.


Mi padre, que es de la raza del Jordi, aunque se jubiló de jardinero, siempre fue albañil, y a mi y mis hermanos nos tocó pasar no pocos festivos ayudándole en los trabajos de la construcción. El trabajo de paleta, aunque siempre me parecía pesado y cansado tenia algo de especial. Mientras el tiempo avanzaba los muros se levantaban, los suelos se llenaban de baldosas, el medio se transformaba.

Construir tiene algo de mágico, no es una actividad cualquiera, y la alegría que se tiene cuando se construye es profunda y muy satisfactoria. Es bonito ver lo que crece, quien lo hace crecer, los que se beneficiaran de lo que crece y los que colaboran para que pueda crecer. Como las nuevas salas de la escuela de Blaram, que se levantan con la ayuda del colegio Sant Gervasi, o la sala para las mujeres de Makary que se construye con la ayuda de Sant Sadurní, o la que haremos en Kofia, en Goulfey o en Darak. Y no solo edificios, también cuando ponemos luces en el hospital o en la iglesia, cuando se pone una bomba de agua o se construye un pozo, cuando se repinta una sala, cuando se organiza una sesión de formación o se ayuda a la vida de una comunidad.

Dios cuando crea construye, y nosotros cuando construimos nos hacemos colaboradores de Dios, y será por eso que la satisfacción es tan profunda y tan necesaria.

Una de las alegrías mas grandes de poder servir en una misión es que nos pasamos la vida construyendo. Edificios de cemento, pozos bajo tierra, viveros de árboles, circuitos de iluminación. Y no solo cosas cuantificables, sino también educación para los niños, conocimientos profesionales para los jóvenes, relaciones e iniciativas entre las mujeres, higiene y sanidad, fraternidad e ilusión entre las comunidades, esperanza y fe para todos.

Es verdad que a veces cuando pensamos construir, destruimos. Y así hay edificios que destruyen pasajes, palabras que destruyen amor, leyes que destruyen fraternidad, artilugios que destruyen vidas.

Con todo construir es la palabra más bonita y más necesaria, no creo que nuestra dicha o nuestro fracaso dependan de adonde lleguemos, ni de lo que podamos poseer, sino de lo que seamos capaces de construir. Y
solo construimos en verdad cuando lo que hacemos da más amor, más paz, mas justicia y mas progreso para
todos.


Miguel Ángel Pérez Sánchez
28 de marzo del 2005

 

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